La Chamba

En Colombia son muchos los lugares en los que se fabrican artículos de barro y cerámica, y son muchas las historias que encierra cada uno de ellos. La Chamba, corregimiento del Guamo, al suroriente  del Tolima, es uno de estos lugares destacados por conservar la tradición de crear piezas artesanales trabajadas en barro. Esta tradición proviene de los ancestros Pijaos, Tahonas y Calimas, antiguas culturas que habitaron esta región de Colombia y utilizaron las múcuras y los recipientes con fines utilitarios y ceremoniales. 

Hoy en día involucran a toda la familia en la realización y decoración de estos elementos. Sin embargo son sobre todo las mujeres de la región, las que se encargan de crear y dar forma a las cacerolas, vasijas, platos, pocillos, bandejas, ollas y vajillas completas. En el proceso utilizan arcilla de diferentes lugares que es recogida por los hombres; la arcilla roja contiene óxido de hierro y por ello se utiliza para pintar, impermeabilizar y brillar las piezas. Para lograr el color negro profundo recogen heno y estiércol de burro para ahumar las piezas en hornos de origen árabe que fueron introducidos por los españoles en su conquista.

Estos utensilios de barro siguen siendo manipulados en la cocina para preparar deliciosos platos tradicionales. Las ollas, gracias a los componentes con las que son fabricadas, permiten una buena transmisión de calor haciendo hervir con facilidad los alimentos que se cocinen en su interior, manteniendo el calor aún después de apagadas y dándole un sabor particular a las comidas.

Para empezar a utilizar estos utensilios hay que asegurarse de que no tengan ninguna hendidura o grieta, ni ningún tipo de pintura o lacado que se puede desprender al momento de cocinar o comer en ellos ya que puede ser tóxico. Luego, es importante hacerle un lavado inicial al recipiente con agua, dejándola hervir con sal y limón, y después con bicarbonato, para eliminar cualquier impureza que pueda llegar a tener. Al hacer ese proceso podemos tener la certeza de que lo que preparemos allí va a ser totalmente limpio, libre de químicos, agentes oxidantes o contaminantes, y además tendrá un sabor único y tradicional. Además, si son ollas de barro hay que hacerle un proceso de “curado” que sirve para sellar los poros de aire que quedan en la arcilla y que  podrían quebrarla al ponerla a altas temperaturas.

Para ello, existen varias métodos. Uno de ellos es untar una mezcla de pasta de grasa de cerdo con sal gruesa por todo el interior y el exterior de la olla, y después de dejar secar la grasa ponerla en el horno por 30 minutos para finalizar el sellado. O se puede también sumergir la totalidad de la olla en agua fría por 24 horas y luego de sacarla frotarle ajo por el exterior. Después se puede lavar como normalmente y ya queda lista para cocinar.

Además de todos estos beneficios, las piezas artesanales tienen la facultad de ser amigables con el medio ambiente, ya que si bien no vuelven a convertirse en barro, la cerámica puede ser reciclada y reutilizada de diversas maneras. Una de ellas es como material de construcción, en la fabricación de cemento ecológico, de piezas de cerámica y azulejos, como elementos decorativos para macetas, sillas, paredes, entre otros.

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